NOVIA Y DAMA DE HONOR

TESTIMONIO DE UNA DAMA DE HONOR

En mi opinión, creo que el papel que tienen las damas de honor es de apoyo.

Apoyar a la novia a nivel moral, emocional y a nivel logístico en función de lo que precise en cada momento.

Por el lugar que nos corresponde ocupar el día de la boda, tenemos el privilegio de tener a la novia cerca y ella dispone de nosotras según la necesidad que tenga. Nuestra función es ayudarla en todo lo que requiera; desde darle un pañuelo, colocarle el velo, recogerle el vestido, acercarle los zapatos de repuesto o estar de intermediarias entre la familia e invitados.

Para mí ha sido una experiencia preciosa, única y muy especial que quedará grabada en mi corazón.

Todo empieza con la noticia de la boda. A continuación, le ponen fecha y lugar al día de la celebración. Empiezan los preparativos. Empiezas a pensar qué vestido llevar, qué tipo de peinado y maquillaje. Pensando también en qué regalo puedes hacerle a tu amiga para que quede en su recuerdo y sea algo significativo.

Luego llegan las pruebas del vestido de novia y esos miedos, dudas, cambios y retoques en el vestido para conseguir hacerlo especial y único.

Por todos estos motivos y por poder compartir con mi amiga ese momento tan especial y bonito que es verla rodeada de toda su familia, de sus amistades y del entorno precioso y romántico como es la celebración de una boda. Un entorno envuelto de una magia y energía que gira entorno a dos personas. Ellos. Convertidos en ¡mujer y marido!

Hay mil momentos, pero con mi amiga, -la novia-, nunca se sabe que puede pasar en cada uno de ellos, así que en este caso me quedo con el momento en que la “querida novia” estaba en el coche para ir de camino a dar el ‘sí, quiero’ con su padre y cuando yo ya me iba a montar en otro coche para ir al lugar de la boda, él me dijo que subiera con ellos. Hacer el recorrido en coche con ellos; entre risas, emociones y momento padre e hija creo que fue algo que no se puede describir con palabras. Hay que estar y sentirlo. Y tuve la oportunidad de vivirlo y sentirlo. Por cierto, para que ese día tampoco se alejase mucho de la realidad, llegamos a la boda una hora y cuarto tarde. Como siempre juntas. Y ella dijo: “si llegamos tarde que sea juntas, como siempre. Además, nosotras no llegamos nunca tarde, son los demás que siempre llegan pronto”.

Si la novia me eligió como dama de honor, igual que al resto es porque somos especiales para ella. Cada dama de honor aportamos algo especial y diferente, y en mi caso si me eligió fue por la amistad que tenemos. Una amistad de pocos años, pero real, intensa y de esas que se convierten en familia.

TESTIMONIO DE UNA NOVIA

Desde el primer momento tenía claro quien serían mis damas de honor. Ellas son parte de mí, de mi vida. Todos los invitados el día de mi boda eran familia y amigos que son familia.

El vínculo con las damas de honor para mí fue esencial. Sabían que sentía con solo mirarnos.

La mañana de la boda empezó complicada ya que, aunque la boda empezaba a las seis de la tarde, la maquilladora y peluquera vendrían a casa por la mañana y yo me retrasé porque empecé el día en urgencias… Una vez de vuelta a casa el novio ya tenía que irse porque empezaban mis preparativos y para mi sorpresa, él se encargó de que una de mis damas de honor estuviese conmigo en esos momentos. Nos maquillaron a las dos, nos peinaron… me acuerdo lo tarde que se había hecho, pero claro, siempre por una cosa o por otra nos pasa lo mismo y como no, a las dos juntas.

Ese día estaba preparado para que todo fuese con unos parámetros; la novia se maquillaría y peinaría en casa sola con la maquilladora y peluquera para no estar nerviosa, después iría a “su casa”, donde vivió su infancia, y allí estaría la familia y damas de honor para la vestimenta y las fotos. Al final todo se dio la vuelta, pero ahora sé que, si tuvo que ser así es porque ella, -mi dama-, tenía que estar presente en cada minuto de la novia.

Cuando nos montamos en el coche para ir a la boda, (momento padre e hija), ella me terminó de colocar el vestido dentro y mi padre me miró y se dio cuenta enseguida de lo que mi dama significaba para mí, así que cuando mi dama iba a cerrar la puerta del coche mi padre la retuvo y le dijo: “tú vienes con nosotros”.

Y sí, vino. Ella estuvo desde principio a fin, pero no solo ese día, siempre.

Edith y Valeria

Mis damas de honor fueron ellas en toda su esencia. Y como siempre, imprescindibles.

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